Viaje a Beijing y Tibet. Junio 2006
Han pasado ya unas semanas desde que regresamos de Tibet. No quería escribir estas líneas sin tener la perspectiva que da el paso del tiempo. Mi mujer dice que cuando regresé solo contaba las cosas malas y que a medida que pasa el tiempo voy contando las buenas. No creo que nunca pueda expresar todas las impresiones, sensaciones, emociones vividas en el viaje, pero voy a compartir algunas reflexiones.
Efectivamente las cosas que contaba al principio ya no me parecen tan malas, como los efectos de la altura, como el insomnio, el echo de desayunar, comer y cenar todos los días comida china o tibetana... Ahora incluso echo de menos algunos manjares que pudimos disfrutar.
Lo mejor del viaje sin duda la organización, cariño y entrega tanto de Pedro y Cecilia como de los maestros de Beijin, en todo momento, desde la llegada al aeropuerto estuvieron pendientes de nosotros siempre contábamos con alguno de ellos para acompañarnos, comimos con ellos, nos acompañaron a ver los distintos parques, templos, etc; nos acompaño a Tibet la maestra Paloma, practicamos con ella, fuimos de mercadillos, compartió con nosotros su pasión por el Hun Yuan Tai Chi y por las gemas, nos ayudó en las compras. Pudimos contar con ella en cualquier situación.
Mención a parte merece el esfuerzo y dedicación de Cecilia, fue nuestros oídos, voz y apoyo en todo momento, apenas parecía acusar los efectos de la altura y el cansancio de tanto derroche de energía.
Pero también pudimos comunicarnos directamente con los maestros. Es curioso como las personas pueden entenderse, aún cuando no pronuncian palabra alguna, cuando tienen un interés común y una buena disposición al entendimiento. Durante la práctica puedes sentir esa conexión, se establece una comunicación no verbal. Evidentemente las traducciones de Cecilia son imprescindibles para la profundización de la práctica, pero en las ocasiones que practiqué, en este caso con Paloma, con cuatro gestos e indicaciones puedes mejorar la practica, darte cuanta de donde se acumula la tensión etc. Hay una comunicación fruto de una practica común, las distintas practicas que son herramientas para la salud se convierten en herramientas para la comunicación.
Los maestros nos dicen que para conseguir mayor fruto de la práctica es importante, a parte de muchas otras cosas, un buen lugar para la práctica. Me llamó mucho la atención el hotel donde nos hospedamos en Beijing, situado en el casco antiguo, completamente sitiado por las obras que se están llevando a cabo por los futuros juegos olímpicos y frente a una calle con el típico ruido del tráfico, pues bien, los jardines interiores son un remanso de paz. Se trata de un hotel construido alrededor de un templo budista, los jardines del templo son jardines privados donde pudimos practicar. Contrasta muchísimo la paz y tranquilidad de los jardines donde practicamos con el movimiento y bullicio de una ciudad como Beijing, fue un verdadero privilegio poder practicar allí. El director del hotel es alumno del Maestro Chen Xiang y nos hizo el gran honor de poder practicar tanto en los jardines privados como dentro del templo.
Visitamos otros lugares cargados de simbolismo y energía, pudimos practicar con el Maestro en algunos de ellos. Llaman la atención las dimensiones de la ciudad de Beijing y sobre todo las dimensión se sus parques. Sólo esa grandiosidad hace posible no tengas impresión de estar en una ciudad superpoblada, impresionantes los jardines de todos los palacios, el lago artificial del Palacio de Invierno navegable...
Pero hablemos un poco de Tibet, tan sorprendente como Beijing pero con el añadido de los síntomas de la falta de oxigeno, que fueron muchos y variados. A Tibet hay que ir con respecto a la naturaleza. Nosotros fuimos en verano por lo que vivimos la cara más amigable de Tibet, aún así no nos libramos de males menores y mayores. Pero todos fueron superados por las ganas de vivir el viaje y gracias al apoyo de maestros y compañeros. Los viajes a China de al asociación nada tienen que ver con los viajes organizados por agencia, aún cuando en Tibet contábamos con una. La diferencia principal es el afecto y la calidad humana de los organizadores y participantes. Se trata de un viaje de vivencias y dichas vivencias son tan válidas subas a 5000 metros o acompañes a alguien que no se encuentra bien. En todo momento podías sentir que nadie esperaba ni más ni menos de las situaciones solo las vivíamos con el mejor ánimo posible según las circunstancias de cada uno.
Lo primero que sorprende al llegar a Tibet es la luz, y eso que el día que llegamos estaba medio nublado, hay una claridad y limpieza de atmósfera que te permite ver las montañas y paisajes con una transparencia total. En un principio las montañas no llaman mucho la atención, hasta que te percatas que estás ante una montaña que puede ser como las que vemos en España, quizá se eleve ante ti unos 1500 a 2000 metros, pero entonces te percatas que tu estás en el valle a 3.600... esas montañas tienen los picos a 5000 metros o más.
En Tibet hay más espiritualidad que en ningún otro lugar que haya conocido: casi todo tiene relación con una faceta espiritual, la pintura, la escultura, la bisutería, etc. Casi todo lo que se puede comprar está inspirado en mayor o menor medida con la espiritualidad. Riadas de personas recitando mantras, en una mano el mala y en otra mano el molinillo de oración. Es una fuerza muy poderosa, todos hemos experimentado como el grupo te da energía para practicar más y mejor.
En definitiva un viaje lleno de vivencias que no puedo resumir en unas líneas. Una experiencia vital que te ayuda a comprender la gran profundidad de este arte que practicamos así como te ayuda a valorar la calidad humana de la gente que lo practica.
Rafael Escolar Coullaut
|